Hará menos un año, un día en el que para variar me
encontraba en el pleno de mis facultades mentales, me hice una promesa a mi
misma, siendo ésta asistir a todo concierto al que mi economía me permitiera
ir. Como me pareció una promesa de lo más lucrativa decidí interiorizarla
completamente, añadirla a mi ADN y dejar que campara a sus anchas en mi sistema
nervioso. Así pasó que unos meses más tarde alguien me preguntó si quería ir a
un concierto de un grupo que ni fu ni fa y con un precio de 50 euros la entrada,
y yo no pude hacer más que decir que si. Al menos sabemos que soy capaz de
cumplir las promesas que me hago.
Pero bueno, la cosa es que así, casi sin comerlo ni beberlo,
el pasado día 20 de mayo me uní a la gran masa de fanáticos de las melodías pegadizas
y amantes de las luces de colores que son los fans de Coldplay. A las ocho de
la tarde, 55.000 personas invadimos el Vicente Calderón bajo la atenta mirada
de la lluvia y de la primera telonera, Rita Ora, de la cual no puedo decir nada
más pues la capucha de mi chubasquero amarillo de Terra Mítica no me dejaba ver
u oír más allá de unos metros. Por suerte para nosotros en la actuación de la
segunda telonera, Marina &
the Diamonds, la lluvia ya nos
había abandonado definitivamente, permitiéndonos abandonar los chubasqueros y
disfrutar libremente del espectáculo.
Espectáculo que realmente empezó a eso de las diez y media cuando las
cinco pantallas gigantes que dominaban el escenario empezaron a proyectar luces
de colores, a la vez que la melodía de Regreso al futuro inundaba el estadio,
dando por iniciada la locura de luces, fuegos artificiales y pulseras de
colores que iluminan el estadio. Y música, ya que, aunque parezca imposible,
entre tantas pirotecnias y demás la banda de Coldplay se había subido al
escenario y los acordes de Mylo Xyloto habían empezado a sonar. Espectacular,
en serio. Y es que si algo descubrí con este inicio, y con lo que le siguió, es
que en un concierto de Coldplay es muy complicado aburrirse. Yo sólo me sabía
un par de canciones y era capaz de chapurrear el estribillo de un par más, pero
entre intentar pegar a los globos gigantes que explotaban y hacían llover
papeles de colores sobre el público, coger los papeles de colores, alucinar con
la pulsera que te daban en la entrada y que no paraba de brillar, impregnarte
con la euforia del resto haciéndote saltar e inventarte tus propias letras, e
intentar no ahogarte con el humo de los fuegos artificiales, es imposible pasar
un mal segundo, o acordarte de que has gastado cincuenta euros en estar ahí.
Así que no temas, si un día te ves en medio de un concierto de Coldplay
sin saber muy bien cómo, no te preocupes, si te dejas llevar y te gustan las
luces de colores todo ira la mar de bien. Eso si, ten un plan de escape a mano
que te permita huir del concierto antes que el resto, ir en el metro con 54.999
fanáticos de Coldplay no es tan divertido como estar en un escenario con ellos.
Y para todo aquel que no me cree, aquí dejo el inicio del concierto, no se ve muy bien pero creo que con el video se puede captar la esencia de lo que es ese colorido espectáculo que llamamos concierto de Coldplay.





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